¿Nunca han tenido a alguien a quien odien con todo el corazón? Yo sí, y esto fue lo que me sucedió con esa persona.
Lo llamaremos con su apellido, Moran. Moran fue un chavo que desde la primaria, imagínense hace cuantos siglos, fue mi compañero, y en algún momento mi amigo, un tipo arrogante, prepotente, creía que todo lo podía y que él siempre estaba en lo correcto.
Por alguna razón me tenía un odio particular a mí, siempre que había trabajo en equipo me excluía, a lo que le agarre un poco de resentimiento, pero lo que realmente hizo que lo odiase tanto como una persona puede odiar a otra fue el hecho de que tuviera una relación con una niña a quien realmente quería, eso obviamente tenso más las cosas. Lo que derramo el vaso fue que la tratara como si fuera una persona cualquiera cuando ella lo vale todo.
Finalmente después de un buen tiempo decidí desahogar mi odio. Viviendo el en la capital me traslade ahí, con una intención solamente, ponerle fin al odio. Habiendo sido compañero de cuarto de un amigo sabía perfectamente donde encontrarlo, así que llegue, armado tan solo de un cuchillo plateado de 26 centímetros, más de los necesarios.
Llegue al lugar, un pequeño edificio con cuartos para estudiantes, subí las escaleras hasta el tercer piso donde su cuarto estaba, A307, toque la puerta, y enseguida abrió el, patee la puerta haciendo que se golpeara el rostro con ella, entre bruscamente abalanzándome contra el con cuchillo en mano, lentamente sentía como el cuchillo, que se había vuelto una extensión de mi mano, se ensartaba en su cuerpo y hacia brotar la cálida sangre, una y otra y otra y otra… infinidad de veces. Cuando mi ira sea había calmado, hice una incisión a lo lardo de su abdomen y retire su corazón, y lo apuñale, lo apuñale tanto como a él. Terminado el trabajo me limpie, y me puse algo de su ropa, pues la mía estaba bañada en su sangre, y salí del recinto.
A medio camino en el autobús la culpa me invadió, había privado de la vida a una persona, y un sentimiento tan grande e incontrolable me hizo retorcerme y gritar de manera desquiciada, después de todo, eso era, un desquiciado.
Hoy en día habito en un asilo, un sanatorio, un psiquiátrico, un manicomio, para mí se llama hogar… y su fantasma me atormenta todas las noches bañándome en su sangre naciente de las heridas de mi filoso y plateado cuchillo de 26 centímetros.
Atte.
MHKQVMZ BUFSYJ ECEYARC
P.D.: MURCIELAGO
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viernes, 28 de octubre de 2011
Atento Aviso
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